El día de la inauguración de la primera etapa, mi amigo y colega, Rodrigo Imaz, me propuso complementar sus dibujos a partir de una nueva intervención. Desde aquel día, mi cabeza estuvo tratando de encontrar una manera de establecer un diálogo entre su obra y la mía.
Una de mis intenciones al trabajar en este proyecto fue recordar la función original del edificio como casa habitación de finales del siglo XIX. Para esto utilicé un diseño de papel tapiz que coloqué de manera repetitiva sobre los muros. Por otro lado, me interesaba conectar las distintas salas para que los dibujos no estuvieran aislados. Para conseguir esto, decidí establecer tres diálogos entre los dibujos de Rodrigo y mis pinturas que obedecen al concepto del reflejo. De esta manera los dibujos de una sala podían estar unidos a las pinturas de otra a partir de las puertas o ventanas que los conectan.